Centralizado frente a descentralizado: La carrera por redefinir las redes sociales

Se suponía que las redes sociales debían conectarnos. En lugar de eso, se han convertido en un sistema de control sobre nuestros datos, nuestros contenidos y nuestras identidades digitales.

En una encuesta reciente que realizamos a través de la cuenta X de Ice Open Network preguntamos a nuestra comunidad qué es lo que más les preocupa de las redes sociales centralizadas. Dado que nuestra comunidad ya es muy consciente de los problemas que plantean las grandes plataformas y apoya en gran medida las alternativas descentralizadas, los resultados no fueron sorprendentes. Pero lo sorprendente es lo cerca que se alinean con las tendencias más amplias de la industria, dado que la mayoría de los usuarios de las redes sociales no son necesariamente expertos en blockchain.

De los casi 2.900 participantes en nuestra encuesta:

  • El 44% citó la privacidad y la seguridad como su mayor preocupación, lo que indica desconfianza -o, como mínimo, incomodidad- en terceros que custodien sus datos.
  • El 22% apuntó a los anuncios y la explotación de datos, reflejando la frustración por el seguimiento invasivo.
  • El 20% estaba más preocupado por la censura y el control algorítmico.
  • El 12% considera que la autonomía limitada de los usuarios es el mayor problema.

Estas preocupaciones no son sólo teóricas. Los estudios demuestran que 76% de las personas desconfían de las redes sociales. Mientras tanto, los reguladores están interviniendo con leyes como la American Privacy Rights Act (APRA) y la Video Privacy Protection Act (VPPA) para hacer cumplir protecciones más estrictas. Los usuarios exigen cambios, y con razón.

El modelo roto de las redes sociales

Durante años, el intercambio era sencillo: usar una plataforma gratis y, a cambio, aceptar anuncios. Pero ese modelo ha evolucionado hacia algo mucho más explotador.

  • La privacidad se ha convertido en una víctima en la búsqueda de ingresos publicitarios basados en los datos.
  • Los algoritmos dictan lo que vemos, a menudo favoreciendo la indignación sobre el contenido significativo.
  • Los creadores de contenidos siguen estando a merced de políticas cambiantes, sin ser realmente dueños de su presencia digital.

Aunque las plataformas se esfuerzan por introducir herramientas de transparencia basadas en IA y algoritmos creados por los usuarios, el problema fundamental sigue siendo que el control centralizado significa que los usuarios nunca están realmente al mando.

Por eso las plataformas alternativas están ganando terreno. Con la prohibición de TikTok en Estados Unidos como uno de los principales factores, las plataformas de redes sociales descentralizadas han visto cómo su popularidad se disparaba en la segunda mitad de 2024, con Bluesky, el hijo predilecto de DeSoc, registrando un crecimiento del 12.400% en su base de usuarios en el último año. 

Los usuarios cotidianos de las redes sociales, ahora dolorosamente conscientes de que sus datos se han convertido en moneda de cambio, exploran de forma proactiva las redes sociales descentralizadas. Sin embargo, los sistemas de identidad basados en cadenas de bloques, la mensajería cifrada y las soluciones descentralizadas de propiedad de contenidos siguen siendo, en gran medida, competencia de desarrolladores de cadenas de bloques y criptomineros paranoicos con la privacidad. 

Necesitamos soluciones reales para usuarios reales, cotidianos y corrientes, en lugar de ideas futuristas al servicio exclusivo de los expertos en tecnología. 

El cambio hacia el control del usuario

A pesar del creciente interés por las alternativas descentralizadas, la mayoría sigue enfrentándose a obstáculos como la complejidad técnica, la lentitud de adopción y la fragmentación de las experiencias de usuario. La próxima generación de plataformas sociales debe encontrar el equilibrio adecuado entre:

  • Infraestructura que da prioridad a la privacidad, donde no se explotan los datos de los usuarios.
  • Distribución justa de contenidos, libre de algoritmos manipuladores.
  • Modelos de monetización que beneficien a los creadores, no sólo a las empresas.
  • Gobernanza transparente, para que ninguna entidad tenga un control incontrolado.

Una versión sombría de este cambio se está haciendo visible en el frente de la Web2 a medida que las principales plataformas empiezan a sentir la presión. Facebook e Instagram están probando paneles de uso de datos en tiempo real, a medida que los anunciantes retiran presupuestos de plataformas con políticas de moderación turbias. Pero se trata de un cambio lento, impulsado principalmente por la autopreservación corporativa más que por el verdadero empoderamiento del usuario. En pocas palabras, es blanqueo. 

Web3, donde se está produciendo el verdadero cambio, se enfrenta a su propio reto -quizás aún mayor- de hacer que la descentralización sea accesible, intuitiva y escalable para los usuarios cotidianos, cuyo uso de aplicaciones, hábitos y expectativas ya han sido moldeados por los gigantes centralizados de las redes sociales. Es un David frente a un Goliat con una base total de usuarios de más de cinco mil millones, o casi todos los 5,5 mil millones de usuarios de Internet. 

Nos encontramos en un umbral en el que el futuro de los medios sociales puede ir en cualquier dirección, dependiendo de si Web2 o Web3 superan sus respectivos retos. 

Un punto de inflexión

El punto de inflexión es inevitable. La cuestión es si dará lugar a un cambio fundamental hacia el empoderamiento del usuario o a otro ciclo de plataformas centralizadas que se reinventan a sí mismas lo justo para mantener el control. Los gigantes de la Web2 seguirán aplicando soluciones curita, con la esperanza de apaciguar el creciente descontento mientras preservan su dominio. 

Mientras tanto, las alternativas de Web3 deben superar la brecha de usabilidad y demostrar que pueden ofrecer no sólo pureza ideológica, sino experiencias prácticas y sin fricciones que rivalicen -o superen- a sus homólogas centralizadas. El futuro de las redes sociales no es sólo cuestión de descentralización, sino de quién puede redefinir la propiedad digital de forma que tenga sentido para el usuario cotidiano. 

La cuestión no es si se avecinan cambios, sino quién los liderará. Y apuesto a que será su servidor, Ice Open Network.